El único relato con el que Jorge Luis Borges
incurrió en el dilatado gremio de la ciencia ficción, lleva por título There are more things. Pese a su notorio influjo filosófico, el
relato de Borges plantea y desarrolla un hecho insólito y no metafísico: la
súbita adquisición y adaptación de una casa en Turdera por un comprador
desconocido y anormal. Hay previsibles reminiscencias de Lovecraft y de Chesterton (How I Found The Superman). Básteme prevenir
al lector: para esta glosa, me importa más el título del cuento que la interesante
trama.
Una
traducción literal de “There are more
things” es “Hay más cosas”. Anteriores a Borges tenemos a Shakespeare y a Kipling;
Hamlet y The Mark of the Beast. La escena V
del primer acto de la pieza teatral de Shakespeare, nos depara las siguientes
líneas del príncipe Hamlet: “There are
more things in Heaven and Earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy”
(“Hay más cosas en el Cielo y en la Tierra,
Horacio, que en los sueños de tu filosofía”), sobran motivos para colegir
la procedencia del rótulo de Borges. Sin embargo, sospecho que el autor argentino
pensaba en La marca de la Bestia de
Kipling cuando intituló su relato. Uno de los héroes de Kipling, abrumado por
los efectos de la maldición que arroja un leproso sobre uno de sus allegados, argumenta
lacónicamente: “There are more things…”;
queriendo significar que hay cosas que rebasan y superan nuestro escaso entendimiento.
Borges piensa en un alienígena; Kipling, en un sucedáneo de hombre lobo;
Shakespeare, en un fantasma. Acaso la literatura es eso, la conjugación
inusitada de una admirable lista de grandes autores.
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