miércoles, 10 de julio de 2013

Cuestiones borgesianas: There are more things

El único relato con el que Jorge Luis Borges incurrió en el dilatado gremio de la ciencia ficción, lleva por título There are more things.   Pese a su notorio influjo filosófico, el relato de Borges plantea y desarrolla un hecho insólito y no metafísico: la súbita adquisición y adaptación de una casa en Turdera por un comprador desconocido y anormal. Hay previsibles reminiscencias de Lovecraft y de Chesterton (How I Found The Superman).  Básteme prevenir al lector: para esta glosa, me importa más el título del cuento que la interesante trama.
     Una traducción literal de “There are more things” es “Hay más cosas”.  Anteriores a Borges tenemos a Shakespeare y a Kipling; Hamlet y The Mark of the Beast. La escena V del primer acto de la pieza teatral de Shakespeare, nos depara las siguientes líneas del príncipe Hamlet: “There are more things in Heaven and Earth, Horatio, than are dreamt of in your philosophy” (“Hay más cosas en el Cielo y en la Tierra, Horacio, que en los sueños de tu filosofía”), sobran motivos para colegir la procedencia del rótulo de Borges. Sin embargo, sospecho que el autor argentino pensaba en La marca de la Bestia de Kipling cuando intituló su relato. Uno de los héroes de Kipling, abrumado por los efectos de la maldición que arroja un leproso sobre uno de sus allegados, argumenta lacónicamente: “There are more things…”; queriendo significar que hay cosas que rebasan y superan nuestro escaso entendimiento.
     
Borges piensa en un alienígena; Kipling, en un sucedáneo de hombre lobo; Shakespeare, en un fantasma. Acaso la literatura es eso, la conjugación inusitada de una admirable lista de grandes autores.           

     

sábado, 26 de enero de 2013

LAS RUINAS CIRCULARES, Borges

And if he left off dreaming about you...
Through the Looking-Glass, IV

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza.

Sospecho, no sin algo de vértigo, que hablar de Borges significa, asimismo, hablar de esa esfera inconcebible cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna: el Universo, o más en concreto -y he aquí un oxímoron inevitable- la literatura. 
   Hacia 1899, en una quinta de Tucumán, en Buenos Aires, nace Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo. En una casita porteña típica, con un patio y un aljibe. Pero sería en su estancia del barrio de Palermo donde el pequeño Borges desarrollaría su vocación -tal vez ineludible- por la literatura. Su abolengo inglés le llevó a aprender -probablemente antes que el español- la lengua natal de la abuela paterna Frances Haslam. Tuvo una temprana formación bilingue; a los cuatro años ya sabía leer y escribir en los dos idiomas. Heredero de la frustrada índole literaria del padre, Jorge Guillermo Borges, y de las hazañas militares del abuelo, Francisco Borges Lafinur, Jorge Luis Borges comienza, en 1906, una precoz carrera literaria con su relato cervantino La visera fatal. A los nueve años traduce al español un relato de Oscar Wilde, El príncipe feliz, publicado en el diario El País y atribuido erróneamente a su padre. 
   En 1914 viaja a Ginebra. Aprende el francés y pocos años después él mismo se instruye en el alemán, que aprende con la ayuda de un diccionario y la obra poética de Heine*. En España se contagia de un movimiento poético -que más tarde refutaría-: el ultraísmo. Regresa, en 1921, a la Argentina y en 1923 publica su primer libro de poemas: Fervor de Buenos Aires. Este volumen prefiguraría toda la obra posterior de Borges. La subsecuente profusión de ensayos, cuentos y poemas, así como sus éxitos internacionales, llegarían por añadidura. 

Borges es, indudablemente, uno de los más grandes y emblemáticos escritores del siglo XX. Entrevera elementos dispares como la metafísica, la teología, las matemáticas, la fantasía, la mitología griega, la literatura argentina, el tiempo, los sueños, el ensayo, la semiótica, la numismática, la historia, los recuerdos de la infancia, los espejos, los laberintos, la mística, las leyendas de arrabal, los libros imaginarios, las sagas nórdicas, la lingüística, la lógica, etc., etc., etc., y los hilvana en un cuento o un poema. Nunca -gracias a los astros- incurrió en política. Nunca escribió una novela, para él era un género que obliga al relleno y también un desvarío laborioso y empobrecedor
  Schopenhauer, Carlyle, Emerson, Dante, Berkeley, Shakespeare, Cervantes, Shaw, Bloy, Kafka, Kipling, Chesterton, Stevenson, Lugones, son algunos de los demiurgos que le gustaba releer. Acaso su obra es el eco de todas esas voces. Borges prefijó su muerte en Europa; muere el 14 de junio de 1986 en Ginebra, Suiza. 

En el capítulo cuarto de Through the Looking-Glass de Lewis Carroll, Tweedledee pregunta a Alicia -aludiendo al sueño del Rey Rojo-: Y si él dejará de soñar contigo, ¿Qué crees que te pasaría? [And if he left off dreaming about you, where do you suppose you’d be?], a lo que Alicia responde que no sucedería nada, que ella seguiría allí, por supuesto.  Tweedledee, alborozado, contesta: ¡Tú no estarías aquí ahora. Por qué, porque sólo eres una cosa cualquiera en su sueño! [Not you! [...] You’d be nowhere.  Why, you’re only a sort of thing in his dream!]. De este diálogo maravilloso surge el epígrafe de Las Ruinas Circulares de Jorge Luis Borges. Alicia es parte del sueño del Rey Rojo, al igual que el hombre gris de Las Ruinas Circulares es parte del sueño de otro hombre; como dos espejos contrapuestos que se multiplican mutuamente, hasta el infinito. 
   El hombre taciturno y gris -mago- arriba, sobre una canoa de bambú, al recinto circular que preside la efigie de un tigre o un caballo de piedra. Mareado y ensangrentado, se arrastra hasta el pedestal y duerme, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Su noble y sobrenatural propósito: soñar un hombre -un hijo- e imponerlo a la realidad. A los pocos días, con lágrimas de impotencia en los ojos, Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Tras un lacónico periodo de tiempo decide recomenzar su empresa y, no sin antes premeditar algún ritual secreto, vuelve a dormir: Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía. Arteria por arteria, órgano por órgano, cabello por cabello, soñó un hombre, un mancebo; pero sin vida. Cada noche lo soñaba con los ojos cerrados... El lector descifrará con perplejidad los enigmas ulteriores del relato.


En Lubbock -comenta Borges en el prólogo del poemario El otro, el mismo (1969)-, al borde del desierto, una alta muchacha me preguntó, si al escribir El Golem, yo no había ejecutado una variación de Las ruinas circulares; le respondí que había tenido que atravesar todo el continente para recibir esa revelación, que era verdadera. El Golem, en la mitología judía, es una criatura creada a partir de alguna sustancia inanimada, generalmente barro. El hombre de sueño borgeano no es menos curioso y extraordinario que el Golem cabalístico. 
    Al principio de la nota dije que referir a Borges es referir también la vasta literatura. Aseveración que sostengo y que a continuación ejemplifico. Hasta ésta línea he tratado dos referencias: A través del espejo de Lewis Carroll y El Golem del judío Scholem; en Palabras y sangre del italiano Giovanni Papini se encuentra un relato, La última visita del Caballero Enfermo, en el que un hombre confiesa ser la proyección del sueño de otro hombre: No soy un hombre real. No soy un hombre como los otros, un hombre con huesos y músculos, un hombre generado por hombres. Yo soy -y quiero decirlo a pesar de que tal vez no quiera creerme- yo no soy más que la figura de un sueño. Giovanni Papini fue un escritor profundamente admirado por Borges. Para Heráclito el fuego era el inceptor del universo; el nombre del dios de piedra de Las Ruinas Circulares es Fuego. La filosofía budista profesa que todo lo que hay en el mundo es ilusorio e inherente al sueño. En El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer escribe -citando a un pensador remoto- que la realidad y el sueño son páginas de un mismo libro. El filósofo irlandés George Berkeley plantea que la percepción más pura depende del estado de la mente; Kant separa el fenómeno de la cosa en sí y descree del verdadero conocimiento del objeto en tanto que éste dependa de la experiencia sensible del sujeto; Schopenhauer retoma a Kant y urde su filosofía de las representaciones, en la que un mundo sin sujeto no existe. En Las Ruinas Circulares, el hombre no es sino la representación mental de otro hombre, y éste a su vez la de otro, y así hasta lo infinito. Círculos, círculos hondos e infinitos de sueño. Puede que el mismo Borges sea un abismo interminable y se recree y se multiplique con cada lectura o relectura de Las Ruinas Circulares.

Yo me contento con saber que, como un sueño, terminaré por esfumarme.   


Ficha:

Autor: Jorge Luis Borges (1899 - 1986)
Nación: Buenos Aires, Argentina
Título: Las Ruinas Circulares
Género: Cuento
Primera edición: 1940, Revista Sur
Enlace a cuento: Las Ruinas Circulares 


Notas:
*Hay quienes refieren que fue con Der Golem de Gustav Meyrinc.
-El lector curioso descubrirá que en casi todas las ediciones de Ficciones (1944) se atribuye el epígrafe de Las Ruinas Circulares al capítulo sexto de Through the Looking-Glass, cuando en realidad es del cuarto. 
-Borges figura en mi nómina de autores predilectos.      


jueves, 10 de enero de 2013

UN ARTISTA DEL HAMBRE, Kafka

En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo.

Me figuro a Kafka bajo la especie de un ángel redentor. Alguien capaz de encerrar la sordidez y el tedio del mundo en un cuento. Kafka nació en Praga; donde se matriculó en leyes. Su leyenda, no menos oscura que cualquiera de sus tramas, se desarrolló frente a un escritorio atiborrado de papeletas burocráticas. El hastío de la oficina y las escisiones con el padre surten sus historias.

La vida de Kafka está enmarcada por la tuberculosis, la desesperación, la soledad y el fastidio. Culpa a su autoritario padre de sus complejos y sus tormentos. Siendo uno de los inceptores de la filosofía del absurdo, Kafka muere a los cuarenta años de una pulmonía agravada, en 1924.  

Mi descubrimiento de Kafka, como mi descubrimiento de Dostoievski o mi descubrimiento de Borges, es uno de los acontecimientos más trascendentales de mi frugal existencia. No fue La metamorfosis  sino Un artista del hambre el relato que me insto a preconizarlo. Su biografía es su más terrible obra. La imagen de Kafka, de madrugada, escribiendo su ambigua historia La condena (quizás el único cuento del que se sintió orgulloso) es en sí misma una obra de arte.

Un artista del hambre, como todo símbolo, rebasa a su autor. Kafka era un escritor de símbolos; un símbolo acaso encierra el universo. Él no quería escribir fábulas con una moraleja, quería escribir fábulas con infinitas moralejas. Deseaba que se reinventara el sentido de sus relatos cada vez que alguien los leyera. Por eso La metamorfosis contiene profusos significados, por eso La condena es tan extraño. Por eso sus héroes, según el mito griego, son prisioneros en sus inextricables laberintos. 

El arte (con su profundidad y su avidez de perfección) termina por ser desdeñado por el hombre común. O al menos es lo que intuyo en Un artista del hambre
Un hombre, cuyo arte es el ayuno, cree en la perfección de su oficio. Refuta todo bocado o pábulo que se le ofrece, mira con desdén toda piltrafa de carne que se le pone ante los ojos. No se traiciona; aun cuando es la atracción menos concurrida del circo en el que se enlista, no ingiere nada. 
Kafka generó un triste retrato del papel del arte en las sociedades vanas. Sociedades que no aprecian la belleza y el esmero; insensibles, estúpidas. Hoy la humanidad únicamente busca el frívolo entretenimiento. 

Es un relato asaz complejo. Un desarrollo límpido -característico de Kafka- decora esta pesadilla. El artista es malquerido y denostado, cuando no tildado de demente. Pero no hay mayor crimen de la humanidad que la indiferencia y la ignorancia; el desconocimiento de Velázquez, el desconocimiento de Tolstoi. 

Una pantera sustituye el cadáver del artista y se vuelve una de las principales atracciones del circo. Así es la humanidad: das insensatez a cambio de arte, y la estupidez pulula. 

No se rebaje a Max Brod a traidor. Para mí es un beato. Publicó póstumamente buena parte de la obra de Franz Kafka, aun cuando el praguense pidió que la quemara. 
Acaso esta reseña le queda infinitamente corta.  


Ficha:

Autor: Franz Kafka (1883 - 1924)
Nación: Praga, Imperio austro-húngaro
Título: Un artista del hambre (Ein hungerkünstler)
Género: Cuento
Primera edición: 1924
Enlace a cuento: Un artista del hambre  
      

sábado, 5 de enero de 2013

NOCHES BLANCAS, Dostoievski

Era una noche prodigiosa, una noche de esas que quizá sólo vemos cuando somos jóvenes, lector querido. Hacía un cielo tan hondo y tan claro, que, al mirarlo, no tenía uno más remedio que preguntarse, sin querer, si era verdad que debajo de un cielo semejante pudiesen vivir criaturas malas y tétricas.

Hablar de Dostoievski es hablar de uno de los más grandes genios de literatura universal. Tratar de bosquejar un perfil del hombre no es menos ridículo que juzgar desde fuera alguna de sus obras. Dostoievski es ruso, los personajes de sus novelas son universales.

Como el descubrimiento del amor, como el descubrimiento del mar, el descubrimiento de Dostoievski marca una fecha memorable de nuestra vida*. Escribe Borges. Ese hallazgo llegó a mí en tercer grado de secundaria -cuando aún se es mentalmente insuficiente-. Fue una floja traducción de Crimen y castigo la que me inicio en el culto y la que me sigue instando a leer con avidez cada una de las obras que llega a mis manos de este ingeniero militar. 

Quizás es el primer autor que desentraña el alma humana, quizás es el primer demiurgo capaz de comprender cada uno de los problemas que trae consigo la existencia. 

Al respecto de Dostoievski, Nietzsche escribe: ...el único psicólogo, dicho sea de paso, que me ha enseñado algo. Dostoievski ha sido una de las mayores suertes de mi vida, más incluso que mi descubrimiento de Stendhal**. Dostoievski es un elegido. Es una suerte de gran creador ubicuo, omnisciente y omnipotente, pero sin la connotación religiosa. A los ojos de Carlyle, sería un Gran Hombre o Héroe. 

Noches Blancas*** es un diálogo; un diálogo arcano que justifica el decurso de una vida en soledad. El héroe, en cuya existencia se vislumbra la irrelevancia, encuentra la redención en una mujer, a las afueras de Petersburgo. Se enamora de una mujer que además está enamorada de otro hombre. Él lo sabe, ella se lo refiere.

Es una novela que trata del amor y de las justificaciones. ¿Hay acaso más grande amor que el que busca lo mejor para la persona amada, aunque esta búsqueda esté encaminada a separar de ti a dicha persona? Ese es la clase de amor que siente nuestro héroe.
Ayudará a Nástenka, su querida, a reencontrarse con el hombre con el que se ha comprometido un año atrás y que aún no vuelve de sus asuntos en Moscú. 
Dolor y felicidad confluyen en el alma del protagonista. Hará lo que sea para que Nástenka sea feliz, aunque esto signifique una terrible tribulación para él.
Tal vez yo no soy el más apto para hablar de esta clase de amores. Pero los que lo conocen deben saber mejor que nadie las felicidades y las penas que conlleva. 

Son noches blancas, noches dichosas, noches eternas, noches infinitas, las cuatro noches que pasa nuestro héroe con su amada. Noches que de algún modo lo justifican. Es una vindicación de la existencia. Un gramo de felicidad pesa más que una tonelada de desgracias.

Todos vamos detrás de eso. De algo que haga que nuestra vida valga la pena. Los que aspiramos a escribir lo buscamos incansablemente; un epíteto, una línea, un párrafo, una página, acaso un libro. Una justificación a tanta mierda. O a lo mejor soy un iluso y mi justificación está allá afuera, grabada en la piel de una mujer.


Ficha:

Autor: Fiódor Dostoievski
Nación: Rusia 
Título: Noches Blancas (Белые ночи) 
Género: Novela corta
Primera edición: 1848
Enlace a novela: Noches Blancas



*Borges, Biblioteca Personal (Compilación de prólogos, 1988) 
**Nietzsche, El ocaso de los ídolos (1889) 
***Noches blancas, fenómeno atmosférico característico de San Petersburgo en el cual no oscurece durante las noches. 

jueves, 3 de enero de 2013

Mensaje de apertura

Ensayé en vano algunos títulos para el blog: "Libros infinitos", "Libro infinito", "Un libro infinito" , "Páginas infinitas", etc. Los títulos no estaban disponibles, supongo que el concepto es una tautología cibernética; me enajenó el hecho de que todos estos blogs estuvieran abandonados desde hace mucho tiempo o, en su defecto, ni siquiera estuvieran iniciados. Me vi forzado a improvisar algún otro título y llegué a este: un libro de páginas infinitas -pensé primero en hojas infinitas, pero asociaba una imagen herbácea-, que encierra, creo, la misma idea. Idea ya desarrollada por Borges en el relato El libro de arena; un libro que no tiene ni principio ni fin: El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Un libro que infiere todo el conocimiento.
La finalidad del blog (de este otro blog) es acercar tanto a lectores consagrados como a lectores incipientes al mundo de la vasta y casi infinita literatura. Pretendo que las entradas traten exclusivamente sobre libros, escribiendo escolios, notas, reseñas, etc. Huelga decir que no soy un especialista, pero sin embargo soy, eso sí, un lector decente. 
Si eres lector o quieres serlo y conocer algunas recomendaciones te conviene gastar unos minutos leyéndome, comentando y sugiriendo nuevas lecturas. Lecturas que puedas compartir y acaso reseñar brevemente para los lectores del blog. 
Bienvenido, lector, a este proyecto. Ayúdame a difundir la literatura.