Era una noche prodigiosa, una noche de esas que quizá sólo vemos cuando somos jóvenes, lector querido. Hacía un cielo tan hondo y tan claro, que, al mirarlo, no tenía uno más remedio que preguntarse, sin querer, si era verdad que debajo de un cielo semejante pudiesen vivir criaturas malas y tétricas.
Hablar de Dostoievski es hablar de uno de los más grandes genios de literatura universal. Tratar de bosquejar un perfil del hombre no es menos ridículo que juzgar desde fuera alguna de sus obras. Dostoievski es ruso, los personajes de sus novelas son universales.
Como el descubrimiento del amor, como el descubrimiento del mar, el descubrimiento de Dostoievski marca una fecha memorable de nuestra vida*. Escribe Borges. Ese hallazgo llegó a mí en tercer grado de secundaria -cuando aún se es mentalmente insuficiente-. Fue una floja traducción de Crimen y castigo la que me inicio en el culto y la que me sigue instando a leer con avidez cada una de las obras que llega a mis manos de este ingeniero militar.
Quizás es el primer autor que desentraña el alma humana, quizás es el primer demiurgo capaz de comprender cada uno de los problemas que trae consigo la existencia.
Al respecto de Dostoievski, Nietzsche escribe: ...el único psicólogo, dicho sea de paso, que me ha enseñado algo. Dostoievski ha sido una de las mayores suertes de mi vida, más incluso que mi descubrimiento de Stendhal**. Dostoievski es un elegido. Es una suerte de gran creador ubicuo, omnisciente y omnipotente, pero sin la connotación religiosa. A los ojos de Carlyle, sería un Gran Hombre o Héroe.
Noches Blancas*** es un diálogo; un diálogo arcano que justifica el decurso de una vida en soledad. El héroe, en cuya existencia se vislumbra la irrelevancia, encuentra la redención en una mujer, a las afueras de Petersburgo. Se enamora de una mujer que además está enamorada de otro hombre. Él lo sabe, ella se lo refiere.
Es una novela que trata del amor y de las justificaciones. ¿Hay acaso más grande amor que el que busca lo mejor para la persona amada, aunque esta búsqueda esté encaminada a separar de ti a dicha persona? Ese es la clase de amor que siente nuestro héroe.
Ayudará a Nástenka, su querida, a reencontrarse con el hombre con el que se ha comprometido un año atrás y que aún no vuelve de sus asuntos en Moscú.
Dolor y felicidad confluyen en el alma del protagonista. Hará lo que sea para que Nástenka sea feliz, aunque esto signifique una terrible tribulación para él.
Tal vez yo no soy el más apto para hablar de esta clase de amores. Pero los que lo conocen deben saber mejor que nadie las felicidades y las penas que conlleva.
Son noches blancas, noches dichosas, noches eternas, noches infinitas, las cuatro noches que pasa nuestro héroe con su amada. Noches que de algún modo lo justifican. Es una vindicación de la existencia. Un gramo de felicidad pesa más que una tonelada de desgracias.
Todos vamos detrás de eso. De algo que haga que nuestra vida valga la pena. Los que aspiramos a escribir lo buscamos incansablemente; un epíteto, una línea, un párrafo, una página, acaso un libro. Una justificación a tanta mierda. O a lo mejor soy un iluso y mi justificación está allá afuera, grabada en la piel de una mujer.
Autor: Fiódor Dostoievski
Nación: Rusia
Título: Noches Blancas (Белые ночи)
Género: Novela corta
Primera edición: 1848
Enlace a novela: Noches Blancas
*Borges, Biblioteca Personal (Compilación de prólogos, 1988)
**Nietzsche, El ocaso de los ídolos (1889)
***Noches blancas, fenómeno atmosférico característico de San Petersburgo en el cual no oscurece durante las noches.
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