En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo.
Me figuro a Kafka bajo la especie de un ángel redentor. Alguien capaz de encerrar la sordidez y el tedio del mundo en un cuento. Kafka nació en Praga; donde se matriculó en leyes. Su leyenda, no menos oscura que cualquiera de sus tramas, se desarrolló frente a un escritorio atiborrado de papeletas burocráticas. El hastío de la oficina y las escisiones con el padre surten sus historias.
La vida de Kafka está enmarcada por la tuberculosis, la desesperación, la soledad y el fastidio. Culpa a su autoritario padre de sus complejos y sus tormentos. Siendo uno de los inceptores de la filosofía del absurdo, Kafka muere a los cuarenta años de una pulmonía agravada, en 1924.
Mi descubrimiento de Kafka, como mi descubrimiento de Dostoievski o mi descubrimiento de Borges, es uno de los acontecimientos más trascendentales de mi frugal existencia. No fue La metamorfosis sino Un artista del hambre el relato que me insto a preconizarlo. Su biografía es su más terrible obra. La imagen de Kafka, de madrugada, escribiendo su ambigua historia La condena (quizás el único cuento del que se sintió orgulloso) es en sí misma una obra de arte.
Un artista del hambre, como todo símbolo, rebasa a su autor. Kafka era un escritor de símbolos; un símbolo acaso encierra el universo. Él no quería escribir fábulas con una moraleja, quería escribir fábulas con infinitas moralejas. Deseaba que se reinventara el sentido de sus relatos cada vez que alguien los leyera. Por eso La metamorfosis contiene profusos significados, por eso La condena es tan extraño. Por eso sus héroes, según el mito griego, son prisioneros en sus inextricables laberintos.
El arte (con su profundidad y su avidez de perfección) termina por ser desdeñado por el hombre común. O al menos es lo que intuyo en Un artista del hambre.
Un hombre, cuyo arte es el ayuno, cree en la perfección de su oficio. Refuta todo bocado o pábulo que se le ofrece, mira con desdén toda piltrafa de carne que se le pone ante los ojos. No se traiciona; aun cuando es la atracción menos concurrida del circo en el que se enlista, no ingiere nada.
Kafka generó un triste retrato del papel del arte en las sociedades vanas. Sociedades que no aprecian la belleza y el esmero; insensibles, estúpidas. Hoy la humanidad únicamente busca el frívolo entretenimiento.
Es un relato asaz complejo. Un desarrollo límpido -característico de Kafka- decora esta pesadilla. El artista es malquerido y denostado, cuando no tildado de demente. Pero no hay mayor crimen de la humanidad que la indiferencia y la ignorancia; el desconocimiento de Velázquez, el desconocimiento de Tolstoi.
Una pantera sustituye el cadáver del artista y se vuelve una de las principales atracciones del circo. Así es la humanidad: das insensatez a cambio de arte, y la estupidez pulula.
No se rebaje a Max Brod a traidor. Para mí es un beato. Publicó póstumamente buena parte de la obra de Franz Kafka, aun cuando el praguense pidió que la quemara.
Acaso esta reseña le queda infinitamente corta.

Ficha:
Autor: Franz Kafka (1883 - 1924)
Nación: Praga, Imperio austro-húngaro
Título: Un artista del hambre (Ein hungerkünstler)
Género: Cuento
Primera edición: 1924
Enlace a cuento: Un artista del hambre
La vida de Kafka está enmarcada por la tuberculosis, la desesperación, la soledad y el fastidio. Culpa a su autoritario padre de sus complejos y sus tormentos. Siendo uno de los inceptores de la filosofía del absurdo, Kafka muere a los cuarenta años de una pulmonía agravada, en 1924.
Mi descubrimiento de Kafka, como mi descubrimiento de Dostoievski o mi descubrimiento de Borges, es uno de los acontecimientos más trascendentales de mi frugal existencia. No fue La metamorfosis sino Un artista del hambre el relato que me insto a preconizarlo. Su biografía es su más terrible obra. La imagen de Kafka, de madrugada, escribiendo su ambigua historia La condena (quizás el único cuento del que se sintió orgulloso) es en sí misma una obra de arte.
Un artista del hambre, como todo símbolo, rebasa a su autor. Kafka era un escritor de símbolos; un símbolo acaso encierra el universo. Él no quería escribir fábulas con una moraleja, quería escribir fábulas con infinitas moralejas. Deseaba que se reinventara el sentido de sus relatos cada vez que alguien los leyera. Por eso La metamorfosis contiene profusos significados, por eso La condena es tan extraño. Por eso sus héroes, según el mito griego, son prisioneros en sus inextricables laberintos.
El arte (con su profundidad y su avidez de perfección) termina por ser desdeñado por el hombre común. O al menos es lo que intuyo en Un artista del hambre.
Un hombre, cuyo arte es el ayuno, cree en la perfección de su oficio. Refuta todo bocado o pábulo que se le ofrece, mira con desdén toda piltrafa de carne que se le pone ante los ojos. No se traiciona; aun cuando es la atracción menos concurrida del circo en el que se enlista, no ingiere nada.
Kafka generó un triste retrato del papel del arte en las sociedades vanas. Sociedades que no aprecian la belleza y el esmero; insensibles, estúpidas. Hoy la humanidad únicamente busca el frívolo entretenimiento.
Es un relato asaz complejo. Un desarrollo límpido -característico de Kafka- decora esta pesadilla. El artista es malquerido y denostado, cuando no tildado de demente. Pero no hay mayor crimen de la humanidad que la indiferencia y la ignorancia; el desconocimiento de Velázquez, el desconocimiento de Tolstoi.
Una pantera sustituye el cadáver del artista y se vuelve una de las principales atracciones del circo. Así es la humanidad: das insensatez a cambio de arte, y la estupidez pulula.
No se rebaje a Max Brod a traidor. Para mí es un beato. Publicó póstumamente buena parte de la obra de Franz Kafka, aun cuando el praguense pidió que la quemara.
Acaso esta reseña le queda infinitamente corta.

Ficha:
Autor: Franz Kafka (1883 - 1924)
Nación: Praga, Imperio austro-húngaro
Título: Un artista del hambre (Ein hungerkünstler)
Género: Cuento
Primera edición: 1924
Enlace a cuento: Un artista del hambre
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